Ezra Pound – Ensayos Literarios / Tajamar Editores, por Juan Arabia (Diario Perfil)

 

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Texto Publicado en Cultura – Diario Perfil / Domingo 12 de marzo de 2017

Autor: Ezra Pound (Selección y prólogo T. S. Eliot)
Género: crítica literaria, poesía.
Obras del autor: Personae, Hugh Selwyn Mauberley, Lustra
Traducción: Julia J. de Natino y Tal Pinto

Esta nueva compilación retrospectiva preparada por T. S. Eliot y presentada ahora por Tajamar, completa las ausencias de la edición en nuestro idioma publicada por Laia / Montes Ávila hacia 1989, respetando las ediciones originales de Faber & Faber y New Directions.

Ensayos literarios reúne mucho de lo escrito y publicado por Pound a lo largo de su vida en libros, periódicos y revistas como Poetry, English Journal, New York Herald Tribune y The Egoist.

Podríamos decir que Pound, como buen propagandista, se acomodó perfectamente a diversas formas de reproducción: fue capaz de propagar insultos y amenazas de muerte a editores norteamericanos (como a H. Canby, de Saturday Review of Literature), como volar cerca de los pájaros de los trovadores provenzales, aferrado al mástil junto a Arnaut Daniel y Piere de Maensac.

Algunos de estos ensayos fueron escritos en contra del servilismo y de la corrupción intelectual de la prensa y de las instituciones universitarias. Mucho antes que los marxistas británicos, el poeta norteamericano puso la atención en el sistema comercial de publicaciones, afirmando que “un sistema económico viciado ha corrompido todas las ramificaciones del pensamiento”. Aunque esta parte de su crítica, por cierto de mayor circulación y efectividad (se conoce más a Pound por su propaganda política en Radio Roma que por sus años invertidos al estudio de la poesía medieval), no debería opacar su profundo aporte para una historización técnica y estética de la poesía moderna.

Según Pound, el origen de nuestra poesía deriva de los poetas provenzales (S. XII-XIV), época en la que el género alcanzó su máximo esplendor métrico y rítmico, y en que el arte poético y el musical se hallaban íntimamente ligados. Fue Arnaut Daniel, trovador que imitaba con sus palabras el sonido de los pájaros, uno de los últimos en enriquecer el arte provenzal.

Pound señala que ya en la época de Dante y sus coetáneos, la música y la poesía tomaron caminos distintos: “la melodía de las canzone se convirtió en sonata, composición musical sin canto”. Lo que no quiere decir que los versos de Cavalcanti o del mismo Dante no hayan sido compuestos para ser sentidos como una extensa melodía.

El alejamiento de los escritores de una tradición estrictamente musical, de base rítmica, no deja de ser para Pound un sinónimo de la mediocridad de una época: “Una gran era de literatura casi siempre corre paralela con una gran era de traducciones”.

Si reivindica a Yeats en estos ensayos, lo hace porque el poeta inglés supo introducir en su poesía el kenning y el skirl de las baladas irlandesas (lamentos fúnebres tradicionales, sonidos de gaitas). Enaltece a Frost porque su poesía “sostiene un espejo delante de la naturaleza”. Incluso su idolatrado Swinburne, rememorado en estas páginas, creía que la poesía “era el arte de la música en el verso”.

La calidad de las traducciones, y por tanto de la poesía, fue declinando en la medida que los traductores se fueron desviando de la propia musicalidad que encierra cada uno de los idiomas. Para Pound, el gran enemigo de estos antiguos bosques y cantos fue el poeta inglés John Milton (1608-1674), apodado por el mismo Ezra como “el orejas de burro”. El gran pecado de Milton fue conferir sonoridad al verso blanco en Inglaterra, a costa del idioma, y de verter el inglés al latín, ignorando la genialidad de la lengua inglesa.

Así es como Pound avanza en estos ensayos sobre las mismas irregularidades y defectos anclados en la historia de la poesía moderna: corrige con detenimiento la edición inglesa de Binyon de Dante, reescribe y traduce a los trovadores provenzales, defenestra la plaga de la tradición miltoniana y de la era victoriana.

En la poesía, para Pound, “la proporción o calidad de la música puede variar, (…); pero la poesía se aja y se marchita cuando se aleja demasiado de música”.

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